Examine su patrimonio

Existe el peligro de definir el anglicanismo doctrinalmente en base a lo que lo diferencia. De hecho, las doctrinas más importantes en el anglicanismo son las que tienen en común con los cristianos universalmente. Cuando las tomemos en serio, entonces podremos examinar los distintivos anglicanos.

El Credo Niceno es uno de los instrumentos más útiles para definir las características de la doctrina común entre anglicanos y los demás. Lea el texto a continuación y anote lo que piense que son las doctrinas fundamentales. El texto proviene del Libro de Liturgias Alternativas; la versión del Libro de Oración Común se encuentra en el oficio de la Santa Comunión del LOC. Al emplear el Credo para este fin, nos atenemos al segundo de los cuatro elementos del Cuadrilátero de Lambeth.

CREDO NICENO
Creemos en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador de cielo y tierra,
de todo lo visible e invisible.
Creemos en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado,
de la misma naturaleza que el Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo;
por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre.
Por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato:
padeció y fue sepultado.
Resucitó al tercer día,
según las Escrituras,
subió al cielo y está sentado
a la derecha del Padre.
De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos
y muertos y su reino no tendrá fin.
Creemos en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo.
Que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria
y que habló por los profetas.
Creemos en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Reconocemos un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

 

 

Doctrinas fundamentales

 

 

 

 

 

 

 

El patrimonio de la Reforma

La historia vincula el anglicanismo con los primeros cristianos. Pero como la historia de la iglesia se divide en cristianismo oriental y occidental, la iglesia inglesa inevitablemente adoptó las características de la corriente occidental. A esa corriente occidental ahora se le conoce como la Iglesia Católica y a la corriente oriental se le conoce como la Iglesia Ortodoxa.

Si bien los anglicanos cristianos católicos heredaron las expresiones occidentales del patrimonio cristiano común, existen algunas diferencias importantes entre los credos católico y ortodoxo. En particular, el Credo Niceno dice que el Espíritu Santo ‘procede del Padre y del Hijo’, mientras que los cristianos de la corriente oriental solamente dicen ‘del Padre’. Este es el debate Filioque (del latín que significa ‘y del Hijo’) que fue la causa inmediata de la división entre el Oriente y el Occidente.

Durante la Reforma, bajo el reinado de Eduardo VI, desde 1547 hasta 1553, la Iglesia de Inglaterra reconoció que se habían trastornado algunas características de su doctrina y buscaba restaurarlas a su anterior sencillez cristiana.

Hay un lema latino que ilustra otra característica clave del anglicanismo: Ecclesia semper reformanda. ‘La iglesia siempre necesita reformas.’ Esta es, nuevamente, la naturaleza dinámica del anglicanismo.

En el anglicanismo, la Iglesia no es infalible. Los líderes de la Iglesia no son infalibles. La Iglesia es de Dios, pero debe autoexaminarse con regularidad para asegurar que su vida, culto y conducta coinciden con la misión de Dios. Esto se puede ver ilustrado en los Artículos 19, 20, 21 y 26.

Esta autoevaluación es lo que ocurrió en el siglo XVI, con lo que el anglicanismo se convirtió en católico y reformado. Esto le ha ocurrido otras veces al anglicanismo y le ocurrirá nuevamente. Quizás sea que el gran debate sobre la enculturación producirá un nuevo entendimiento universal de lo que es la identidad anglicana y los historiadores futuros lo considerarán como una Reforma moderna.

A veces han descrito a los anglicanos como ‘los creyentes que tienen un Libro de Oración católico y un conjunto de Artículos protestantes’. Su vida de culto posee un arraigado sentido de continuidad con la tradición ‘católica’ cristiana general. Los 39 Artículos, el Ordinal y las Homilías compuestas por Cranmer y otros construyen un tipo especial de iglesia ‘Reformada’ sobre el cimiento católico.

Consulte nuevamente los 39 Artículos. Anote lo que crea que se añadió a las descripciones de las doctrinas cristianas que proceden del Credo Niceno.

 

 

 

 

ALGUNOS DE LOS 39 ARTÍCULOS

XIX De la Iglesia
La Iglesia visible de Cristo es una Congregación de hombres fieles, en donde se predica la pura Palabra de Dios, y se administran debidamente los sacramentos conforme a la institución de Cristo, en todas las cosas que por necesidad se requieren para los mismos.
Como la Iglesia de Jerusalén de Alejandría y de Antioquia han errado, así también ha errado la Iglesia de Roma, no solo en cuanto a la vida y la forma de ceremonias, sino también en asuntos de fe.

XX De la Autoridad de la Iglesia
La Iglesia tiene poder para decretar ritos o ceremonias y autoridad en las controversias de fe. Sin embargo, no es lícito que la Iglesia ordene cosa alguna contraria a la Palabra Divina escrita, ni puede exponer una parte de las Escrituras de modo que contradiga a otra. Por ello, aunque la Iglesia sea testigo y custodio de los Libros Sagrados, así como no debe decretar nada en contra de ellos, así tampoco no debe obligar a creer cosa alguna que no se halle en ellos, como requisito para la salvación.

XXI De la Autoridad de los Concilios Generales
No deben convocarse Concilios Generales sin mandamiento y voluntad de los príncipes. Y al estar reunidos (ya que son una asamblea de hombres, en la que no todos son gobernados por el Espíritu y la Palabra de Dios), pueden errar y a veces han errado, aun en las cosas que son de Dios. Por lo tanto, aquellas cosas ordenadas por ellos como necesarias para la salvación no tienen fuerza ni autoridad, salvo que se pueda afirmar que son tomadas de las Sagradas Escrituras.

XXVI De que la indignidad de los ministros no impide la eficacia de los sacramentos
Aunque en la Iglesia visible los malvados están siempre mezclados con los buenos, y algunas veces los malos obtienen autoridad superior en el Ministerio de la Palabra y de los Sacramentos, no obstante, como no lo hacen en su propio nombre, sino en el de Cristo, y ministran por medio de su comisión y autoridad; y podemos aprovecharnos de su ministerio, oyendo la Palabra de Dios y recibiendo los sacramentos. El efecto de la institución de Cristo no es eliminado por su iniquidad, ni es disminuida la gracia de los dones divinos se disminuye con respecto a los que por fe reciben debidamente los sacramentos que se les ministran; los cuales son eficaces, debido a la institución y promesa de Cristo, aunque sean ministrados por hombres malvados.

Pertenece, sin embargo, a la disciplina de la Iglesia el que se averigüe sobre los ministros indignos, y que sean acusados por los que tengan conocimiento de sus ofensas; y que, finalmente, hallados culpables, sean depuestos por sentencia justa.

 

El legado común