Buenas nuevas para Phnom PenhMi esposo Don inicialmente llegó a Phnom Penh hace casi 20 años. Y aunque su ministerio duró apenas tres meses antes de que las garras barbáricas del Khmer Rouge finalmente estrangularan la ciudad y los misioneros tuvieran que ser evacuados, Don le había entregado su corazón al pueblo Khmer. Durante seis años había trabajado a lo largo de la frontera entre Tailandia y Camboya, cuidando a los tristes rezagados destrozados de corazón y cuerpo que se arrastraban a los campamentos para refugiados. Pero ahora, era marzo de 1993, y partíamos, dejando atrás un ministerio en manos de los drogadictos de Singapur para volver a Phnom Penh… Dejábamos la seguridad de Singapur por el caos y corrupción de Camboya. Respondíamos a lo que pensamos que era el llamado de Dios de sembrar una iglesia en Phnom Penh.
Menos de dos semanas después de haber llegado, el Obispo Moses Tay de Singapur presidió en la inauguración oficial de la iglesia ‘The Church of the Lord Jesus Christ our Peace’. Con arena bajo sus pasos y agua goteándole en la cabeza (a causa del concreto recién vertido), Don predicó su primer sermón en el idioma camboyano después de muchos años. Desde entonces, cada domingo por la mañana, se reunía para un oficio en inglés un pequeño grupo que cada día crece más. Es evidente un poderoso sentido de entrega. Y sí, nos envuelve una preciosa paz. Esa paz es muy rara en Camboya en la actualidad, pues se trata de una tierra amoratada y golpeada por muchos años de guerra y sufrimiento indescriptible, una tierra infame por sus ‘campos de matanza’, donde la violencia se ha convertido en una forma de vida, donde las minas enterradas en campos y bosques siguen lisiando a más de 200 personas al mes, donde la mayoría de la gente piensa que es necesario tener por lo menos un arma en su hogar. Y aún entre gente tan traumatizada, existe una increíble disposición a aceptar las Buenas Nuevas de Dios. Muchos camboyanos tienen hambre de una relación, de orientación, de seguridad y de un nuevo cimiento para la vida. La mayoría de los miembros de nuestra pequeña congregación Khmer son locales, conductores de bicicletas que nos transportan por la ciudad, gente a quienes les hemos declarado nuestras creencias religiosas por palabra o folleto en el mercado o vecinos. Pero otros han venido a Phnom Penh desde zonas rurales en busca de empleo o a estudiar. Algunos tienen tan sólo unas cuantas semanas antes de volver al interior, pero se van con la Palabra de Dios ardiente en su pecho y literatura cristiana en sus manos para repartirla entre sus amigos y familiares. Realmente se empieza a sentir vida nueva en la Tierra de los Campos de Matanza. |
Justicia para los aborígenes australianosMás de un año después de que el Tribunal Supremo de Australia dictara su histórica decisión Mabo sobre los derechos territoriales de los indígenas (native title), el Gobierno Federal anunció su política oficial. Esencialmente, la respuesta del gobierno australiano valida todos los títulos de propiedad agraria existentes, a la vez que reconoce la existencia del título nativo con el que los aborígenes y los isleños del estrecho de Torres pueden comprobar un vínculo intacto con su isla desde la colonización europea. Las iglesias de Australia han hecho oír su voz apoyando la decisión Mabo, pues la consideran como una oportunidad de curación y reconciliación entre los australianos blancos y negros… El 3 de junio de 1992, en el caso de Mabo contra el Estado de Queensland, el Tribunal Supremo de Australia decidió que el pueblo meriam de la Isla Murria poseía un título comunal de su tierra y por ello tenía el derecho de ocuparla. Al reconocer el título nativo, el Tribunal Supremo de Australia hizo a un lado la ficción jurídica de que Australia era terra nullius (‘que no pertenece a nadie’) cuando llegaron los británicos. Los Magistrados Deane y Gaudron del Tribunal Supremo no dejaron duda alguna al resumir que la proclamación de terra nullius en las colonias británicas de Australia era una injusticia histórica cometida contra el pueblo indígena de esa época… En el número de agosto de 1993 de la publicación Eureka Street, el Padre Fran Brennan, un abogado, sacerdote jesuita y defensor de los derechos agrarios, señaló que no sería fácil comprobar el título nativo en virtud de Mabo. ‘Si bien el tribunal reconoció el título nativo en el momento de la colonización y afirmó que su existencia continuó más allá de la colonización, el tribunal falló que el soberano, en su calidad de gobierno o parlamento, puede eliminar el título nativo incluso sin compensación. Donde hay un conflicto entre título nativo y la validez de cualquier título otorgado por el soberano, el título nativo siempre es secundario y es eliminado o categorizado al grado necesario para que el título otorgado esté libre de trabas. Los aborígenes no pueden establecer título nativo en 1993 a menos que puedan comprobar un vínculo continuo con la tierra desde 1788 demostrando que ellos y sus antepasados han, dentro de lo práctico, continuando cumpliendo sus obligaciones con la tierra en virtud de las leyes tradicionales.’ …Bien podría ser falla fundamental de toda legislación que simplemente considera Mabo un asunto de gestión de tierras futuras. El Director del Cape York Land Council, Noel Pearson, aclaró muy bien ese punto en el número de septiembre de Reform, en el cual escribió que ‘el pueblo aborigen considera que Mabo trata fundamentalmente sobre el reconocimiento de los derechos humanos de los indígenas’. Alternativamente, el Sr. Pearson advierte que el gobierno Australiano se está adentrando hacia el camino de la administración agraria y como resultado está tratando casi exclusivamente con los asuntos ‘desconcertantes sobre tierras y recursos’ que afrontan los Estados. Esto es contrario al enfoque de ‘derechos humanos de los indígenas’ adoptado por los tribunales y gobiernos de Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelanda. …si bien los actuales pobladores que no son aborígenes no pueden ser culpados de las acciones de los primeros colonizadores, por lo general, los australianos han continuando beneficiándose del desposeimiento de los aborígenes. La doctrina de que Australia no pertenecía a nadie cuando los británicos la colonizaron ha sustentado nuestro sistema jurídico de propiedad durante los últimos 200 años y al ser así, ha visto la confiscación continua, casi libre, de las tierras tradicionales. Podría discutirse que los aborígenes, quienes han perdido tanto, sí que requieren tratamiento especial para proteger las tierras restantes con las que han mantenido un vínculo fuerte. Exigir un campo de juego nivelado a estas alturas de la historia australiana sería patentemente injusto. Por mucho tiempo las iglesias australianas han atestiguado la justicia básica de los derechos agrarios para los aborígenes y los habitantes de las islas del estrecho de Torres. Muchos líderes de la iglesia han presagiado que Mabo es un paso importante en el proceso de reconciliación. [Pero] el Arzobispo anglicano de Sydney, el Reverendísimo Harry Goodhew, [comentó] en una reciente declaración a la prensa: ‘Sería muy impertinente que los australianos no aborígenes hablaran de reconciliación a la vez que no consiguen responder a los llamados legítimos de reconocimiento de todos los pueblos aborígenes y de las islas del estrecho de Torres.’
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