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HISTORIA Y REFORMA DE LA IGLESIA ANGLICANA Las páginas que siguen tienen más carácter apologético que histórico aunque la historia nos servirá de conductor para establecer apología. Si el rumor de que Enrique VIII fundara la Iglesia Anglicana no se hubiera extendido sin fundamento alguno, no fueran necesarios escritos como el presente. La Iglesia Anglicana se precia de ser católica con sucesión apostólica ininterrumpida. Hay denominaciones cristianas que no sólo renuncian a dicha sucesión, sino que categóricamente afirman ser producto del siglo dieciséis o de fechas posteriores. Por el contrario, la reina Isabel de Inglaterra escribía al emperador Fernando en 1563: "Nos y nuestros súbditos, alabado sea Dios, no seguimos ninguna religión nueva o extranjera, sino aquella que Cristo manda, que la Iglesia primitiva e Iglesia católica afirman, la cual los santos Padres aprueban unánimemente". Es, por ello, importante dejar firmemente establecidas las bases del origen cristiano en las Islas Británicas. 1. Las primeras simientes Son misteriosos los inicios del cristianismo en las islas Británicas. La explicación más plausible es que llegara allí con la expansión del Imperio Romano. Sin duda, entre los romanos llegados habría cristianos, ya fueran soldados, negociantes o aventureros. La providencia divina quiso que alguno de estos adelantados decidiera implantar la nueva religión. Toda otra explicación es legendaria. En el 314 tres obispos británicos estuvieron presentes en el Concilio de Arlés celebrado en Francia. También, según Atanasio, los obispos británicos aceptaron las decisiones del Concilio de Nicea (325 pero no asistieron, tal vez por ser demasiado pobres ya que al próximo Concilio de Rímini en el 359 algunos prelados británicos tuvieron que aceptar ayuda imperial para cubrir gastos. Los cristianos británicos eran activos y misioneros y decidieron convertir al mundo celta. Illtud erigió un monasterio en las montañas de Gales. Niniano edificó otro conocido como 'Cándida Casa' y, finalmente, Patricio sembró el territorio irlandés de monasterios. Así apareció un nuevo cristianismo centrado no en la ciudad sino en el monasterio, donde los jefes no eran los obispos sino los abades. Hacia el año 410 las legiones romanas se retiraron de Bretaña dejando campo abierto a nuevos invasores, los salones, los anglos y los jutos. Estos arrollaron con la organización cristiana y durante ciento cincuenta años la Iglesia británica quedó casi destruida. Mas el cristianismo volvería a revivir por obra y gracia de San Columbano, monje irlandés, quien con doce compañeros desembarcó en una islita, llamada Iona, al oeste de Escocia en 563. Allí Columbano erigió un monasterio que se haría famoso como centro de santidad y de alivio de pobres y menesterosos. 2. San Agustín Mientras tanto llegaba por el sur de Inglaterra la más famosa de todas las expediciones cristianas. Sucedía esto el año 596 cuando el papa Gregorio el Grande, percatado de la debilidad cristiana de la isla, escogió a Agustín, uno de sus monjes y a la sazón prior del monasterio Monticelo de Roma, para enviarlo, acompañado de un grupo de monjes, a realizar tan noble misión. Llegó Agustín con su comitiva el día de la Pascua del año 597, y fueron muy bien recibidos por el rey franco Edelberto y su esposa Berta, princesa cristiana procedente de Francia. En el otoño del mismo año Agustín se desplazó a la Galia para ser consagrado obispo. Cinco años más tarde sería reconocido como arzobispo de Inglaterra, con autoridad sobre los obispos británicos quienes se sintieron ofendidos por ser Agustín extranjero y con otras costumbres. El primer arzobispo de Cantórbery muere en el 604, el mismo año que su amigo y protector, el papa Gregorio. En siete años de trabajo apostólico Agustín realiza una labor gigantesca. Las conversiones y los bautismos fueron numerosos, fundó un monasterio dedicado a San Pedro y San Pablo, y organizó la diócesis con el sistema llevado en el resto del mundo católico. Es necesario mencionar aquí la sabiduría de la famosa carta del papa Gregorio a San Agustín, en la cual le aconseja no imponer a la recién formada Iglesia de los ingleses las costumbres romanas. Textualmente: "Pues las cosas no deben ser amadas por causa de los lugares, sino los lugares por causa de las buenas cosas". Y recomienda escoger de las costumbres de otras iglesias aquello que es "piadoso, religioso y correcto", y adaptarlo a las necesidades de los ingleses. Recordemos las tres corrientes cristianas hasta el momento vistas, a saber: la primitiva romano- británica, la celta-irlandesa, y la romana. La Iglesia Anglicana creció con la fusión de estos elementos destacándose pronto los dos últimos. Son dos corrientes, dos culturas, dos modos de ver la realidad que aflorarán aquí y allá con el correr de los tiempos. Por ejemplo, a mediados del siglo séptimo había disensión entre celtas y romanos sobre una fecha para celebrar juntos la Pascua de Resurrección. Bajo la supervisión de la abadesa Hilda, el rey Oswy de Northumbria convoca un sínodo en Whitby en 663. El rey preside el sínodo y, a la luz de la discusión, decide en favor de la costumbre romana. Tal proceder disgusta a los celtas, sin embargo acertadamente coloca al cristianismo británico en línea con el resto del mundo católico. El sínodo de Whitby trajo unidad pero no estabilidad a la Iglesia inglesa que durante cinco años estuvo a punto de naufragar. De Roma nadie quería ir a salvar la nave. Finalmente un monje de sesenta y seis años, Teodoro de Tarso, se desplaza de Asia Menor con otros dos compañeros a las costas británicas, allí llegan el año 669. Teodoro visita el territorio y se percata de que el mal proviene de la escasez de obispos. Consagra obispos y los convoca al sínodo de Hertford el año 673. El primer sínodo nacional de los clérigos ingleses, presidido por Teodoro de Tarso, Arzobispo de Cantórbery. En el sínodo se aprobaron cánones de carácter litúrgico, pastoral y administrativo. Teodoro murió en 690 a los ochenta y siete años de edad. Hombre de inmensa estatura espiritual y capacidad administrativa. No cabe duda que Teodoro fue quien cimentó la iglesia británica y a quien obedecieron y amaron todos los obispos y clérigos locales. 3. ¿Quién manda, el rey o el papa? Desde este momento hasta el siglo dieciséis existe una prolongada tensión de autoridad entre la iglesia y el estado, el papa y el rey. Esto se hizo patente con la invasión normanda (1066)- pueblos llegados de la Escandinavia, de Dinamarca y del norte de Francia y con ellos la figura de Guillermo el Conquistador. Guillermo tenía a orgullo el considerarse reformador y quería introducir en Inglaterra las reformas ya efectuadas en el continente europeo. Guillermo estaba dispuesto a mejorar la Iglesia británica sin someterla a la servidumbre romana. Ello le llevaría a enfrentarse con la creciente autoridad del papado en la figura de Gregorio VII. Sin embargo Guillermo se mantuvo en sus trece, nombró obispos normandos y convocó concilios. Con ello, reconocen los historiadores ingleses, la Iglesia de Inglaterra se fortaleció grandemente. El rey tuvo el gran acierto de nombrar arzobispo de Cantórbery al normando Lanfranco, hombre que supo complacer por igual al rey y al papa. Stephen Neill reconoce que ningún eclesiástico inglés ha defendido jamás la libertad de su Iglesia con mayor vigor que Guillermo el Conquistador. La conquista normanda afectó y enriqueció no sólo a la Iglesia sino a toda la cultura inglesa. Con la llegada al trono de Juan I de Inglaterra en 1199 veremos el triunfo de la autoridad papal. Juan I rechaza el nombramiento de Stephen Langton como arzobispo de Cantórbery, designación hecha por el papa Inocencio III. Este respondió sin ambages y con mano dura. El 23 de marzo de 1208 puso en entredicho a la nación inglesa. Se cerraron las iglesias, se prohibieron asambleas para culto, sólo se permitió la celebración de bautismos y funerales, La Iglesia sufrió muchísimo. Algunos obispos abandonaron el país. Los clérigos perdieron sus derechos civiles y los seglares la administración de la Iglesia. En 1209 el papa excomulgó al rey. Francia amenaza con la invasión de Inglaterra. Ante tal situación el rey se somete a Roma el 1213 así queda la nación inglesa convertida en un feudo romano. El papa Inocenio III se hinchó de poder y quiso convertirse en un monarca absoluto a quien todo el mundo debiera obedecer. Para crear tal sistema absolutista se necesitaba mucho dinero que conseguía por medios que hoy consideraríamos nada evangélicos. Con ello el pueblo inglés se resintió. En 1302 Bonifacio VIII quiso consolidar el poder con argumentos teológicos y publicó la bula Unam Sanctam en la cual explicaba. la teoría de las 'dos espadas', la temporal y la espiritual, y ambas blandidas por el poder eclesiástico. Ante semejante tergiversación del evangelio- véase San Marcos, 9:30-37- la nación inglesa respondió creando su propio poder. En 1213 se firma el trascendental documento "Magna Carta”, que ha sido reconocido como la primera Carta de Derechos Humanos. Declara el documento que en virtud del nacimiento todo hombre tiene derechos inalienables que ni el rey ni la Iglesia necesitan corroborar. En 1279 se establece el Parlamento que viene a reforzar el nacionalismo inglés. En 1285 se implantan en occidente los tribunales civiles, en desafío a los eclesiásticos. En 1307 se aprueba el Estatuto de Carlisle que prohibe a las entidades religiosas enviar dinero a Roma. De los años 1351 al 1390 el Parlamento aprobó cinco actos, entre ellos el famoso Estatuto de 'Praemunire', prohibiendo la antigua práctica del "denarii S. Petri", impuesto pagado al papa, y el recurrir a tribunal extranjero. Toda esta actividad legislativa culminará en enero de 1559 cuando el primer Parlamento de la reina Isabel I apruebe el Acto de Supremacía, en él queda abolida la jurisdicción en Inglaterra de cualquier "príncipe extranjero, persona, prelado, estado o potentado, espiritual o temporal", y obliga, bajo juramento, a todo oficial eclesiástico o seglar a reconocer a Isabel no como ‘cabeza suprema' sino como 'gobernante supremo' de la Iglesia y del Estado. La reina o el rey tiene la supremacía en el gobierno de la Iglesia pero no se entromete en funciones pastorales, litúrgicas o en la consagración de obispos.
4. Enrique VIII Hombre de personalidad rica, extremada y autoritaria. Parecía ser el príncipe ideal del Renacimiento. Con Enrique VIII la corte de Inglaterra abandona el medioevo y establece la alegría y gusto por la vida. Persona ansiosa de saber y de sobresalir en todos los campos. Así, fue: letrado, poeta, músico, atleta, teólogo, y devoto a su estilo. Cuando las doctrinas de Lutero comenzaron a infiltrarse en Inglaterra fue Enrique quien salió en defensa de la doctrina católica, premiándole el papa con el título de "Defensor de la fe". Título que todavía conservan los soberanos ingleses. Pero Enrique, dotado con tanto talento, pronto habría de considerarse como el centro del universo en tomo al cual todo habría de girar. De conciencia laxa habría de interpretar todos sus atropellos con argumentos a su ver justificados. Mas dejemos otras cuestiones y consideremos únicamente la más popular. En 1527 llevaba ya casado dieciocho años con Catalina de Aragón de quien había tenido tres varones y dos hembras, pero todos, excepto una niña, habían muerto en la infancia. Catalina, ya en los cuarenta, no parecía ofrecer esperanzas de alumbrar a un nuevo varón. Ninguna mujer en el pasado había reinado con acierto en Inglaterra. Se necesitaba un hombre para seguir a Enrique en el trono. Este se había casado con Catalina, viuda de Arturo, hermano mayor de Enrique, y muerto en 1502, a instancias de sus padres y bajo dispensa especial del papa Julio II. En el curso normal de las cosas, a Enrique no se le hubiera permitido casarse con Catalina. Por ello, el rey insistía en que su matrimonio era nulo. No pedía un divorcio sino una declaración de nulidad. Efectivamente, muchos eruditos contemporáneos dudaban sinceramente que el papa pudiese conceder semejante dispensa, a saber, casarse con la viuda de su hermano, ya que parecía contradecir el mandato específico del libro del Levítico (20:21) que dice: "Si uno toma la mujer de su hermano, es una inmundicia. Descubrió la desnudez de su hermano. No tendrán hijos." Esta parecía ser la maldición que pesaba sobre el monarca. Los papas en el pasado habían anulado y disuelto matrimonios en circunstancias parecidas y con razones de menos peso. Todos sabían que el papa, ahora Clemente VII, deseaba conceder a Enrique la anulación anhelada si pudiera hacerlo sin ofender al emperador Carlos V, sobrino de Catalina, y a quien el papa tenía mi do acérrimo. Por eso daba largas al asunto. Enrique envejecía y se desesperaba. Había aguantado ya cuatro años, sin ,,solución adecuada. Por ello, en 1532, apoyado en el derecho romano y en el gran legislador Justiniano, promulgó el Acta de Limitación de Apelaciones, reconociendo a Inglaterra como "imperio, con poder plenario, completo y entero", sin necesidad de recurrir a autoridad extranjera para ninguna causa. Roma e Inglaterra quedaban separadas. El 23 de marzo de 1533, el nuevo arzobispo de Inglaterra Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio entre Catalina y Enrique.
5. El poder papal Una buena tarde, camino de Cafarnaúm, los discípulos de Jesús mantuvieron una acalorada discusión sobre quién llevaría las riendas del poder en el reinado del Maestro. Jesús les amonesta con un consejo paradójico: "Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos" (Mc. 9:35). Por lo que acabamos de ver, es evidente que los seguidores de Cristo olvidaron la doctrina del Maestro. No podemos condenar a nadie por tener una visión de la realidad distinta a la nuestra. Pero tampoco debemos seguir maniatados a los errores que otros cometieron. Los primeros seguidores de Cristo habían establecido sus lazos en un amor fraterno, mas a medida que el grupo empieza a institucionalizarse va asumiendo cada vez más las estructuras del Imperio Romano. En un principio existe un gobierno democrático de presbíteros, entre los cuales descuella uno asumiendo las responsabilidades de supervisor, de obispo, al paso que el gobierno de los presbíteros disminuye. En ciertas zonas aparece una jerarquía de obispos, metropolitanos y patriarcas, y, a imitación del Imperio, se celebran sínodos y concilios con todos los obispos. Incluso más tarde, uno de los patriarcas empieza a destacar al final de la cuarta centuria había cinco grandes patriarcados, Jerusalén, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Roma- convirtiéndose en supremo líder de toda la Iglesia: el obispo de Roma, patriarca de occidente, a quien más tarde se le llamaría "papa" o "padre". Mas este poder aparece tardíamente y como una consecuencia de] cambio de la política imperial. Es pues un anacronismo llamar papa a Pedro o a sus sucesores anteriores al siglo cuarto. Veamos cómo surgió el poder papal. En 311 uno de los emperadores menos importantes, Galero, promulga el primer edicto de tolerancia, bajo el cual la religión cristiana es reconocida como "lícita" con los mismos derechos que cualquier otra religión. En 312 Constantino se presenta como "protector" de la religión cristiana y devuelve a la iglesia toda la propiedad confiscada. Mas quién rompió tajantemente con el pasado humilde y democrático del cristianismo fue el emperador Teodosio quien en 380 bajo ley imperial convirtió el cristianismo en "religión del estado". La "Iglesia" ya no era la comunidad pequeña de fervientes cristianos, sino la religión poderosa del Imperio Romano. Las consecuencias de esta legislación son enormes. El pueblo tiene que aceptar y creer a la fuerza lo que por mandato imperial se impone. El cristianismo se convierte en una ideología. Incluso antes de la restitución constantiniana ya era grande la riqueza de la iglesia. Los pobres acudían a los obispos como último recurso en su miseria. A los obispos se les llamaba "pater pauperum" y "pater populi" y gozaban de gran estima entre los paganos. De esta manera, a medida que el poder imperial decrecía, el eclesiástico aumentaba en control. Lo demás era ya cuestión de dar tiempo al tiempo. Así, en 452 el papa León I el Grande defenderá la ciudad de Roma y sus edificios de las invasiones de los Hunos y en 455 de los vándalos. El papa, que había sido elegido por el pueblo y el clero de Roma, ya anteriormente había formulado el principio de que el poder espiritual está sobre el temporal. Los recientes acontecimientos parecían confirmar tal principio y el pueblo reafirmó la autoridad papal sobre la del emperador quien a la sazón se encontraba en Constantinopla. Los papas se transformaron en guerreros y afirmaron su poder de jefes temporales. Como ya hemos visto Gregorio VII (1073-1085), Inocencio III (1198-1216) y finalmente, con quien se llegó a la cumbre de¡ poder, Bonifacio VIII (1294-1303) se convirtieron en autoridades absolutistas a quien todo el mundo debía obedecer para poder salvarse. El Concilio de Trento (1545-1563) insistió con fuerza en la autoridad de la jerarquía. Centralizó el poder en el papa como "obispo universal." La definición de la primacía papal en el Vaticano I (1869) culminó el desarrollo de esta doctrina. Naturalmente todo esto va en contra del mensaje de Cristo (Mc. 9:35). El Concilio Vaticano 11 (1962-65) consciente de los errores cometidos cambió algo de rumbo. En la Constitución Dogmática sobre la Iglesia se habla de una manera profusa sobre la colegialidad de los obispos con el papa y que la autoridad que deben ejercer es una autoridad de servicio. Sin embargo el papa todavía conserva la potestad jurisdiccional. La Iglesia Anglicana siempre ha estado dispuesta a conceder al papa una primacía de honor sin jurisdicción, parecida a la primacía que el arzobispo de Cantórbery mantiene dentro de la Comunión Anglicana. Jamás Jesús o el humilde pescador Pedro hubieran podido imaginar que un día uno de sus "sucesores" habría de demandar poder absoluto y universal en este pequeño planeta. Cuando Cornelio, centurión romano, salió al encuentro de Pedro y cayó postrado a sus pies, Pedro le levantó diciéndole: "Levántate, que también yo soy un hombre" (Hechos, 10.25).
6. La reforma Antes de seguir adelante queremos sentar las siguientes observaciones: Primera, Guillermo el Conquistador fue tan autoritario como Enrique VIII. Segunda, la historia ha dado la razón a Enrique VIII y hoy día no hay nación en la tierra que esté sometida al papa. Tercera, la Iglesia Católica Romana, con menos motivos ha declarado nulos cientos de matrimonios y lo sigue haciendo hoy día, ¿por qué no a Enrique VIII? Cuarta, observe bien el lector que Enrique VIII mantuvo el título de "Defensor de la Fe" concedido por el papa, es decir, la separación de Roma no fue de carácter doctrina como sucedió con las reformas Luterana o Calvinista. ¿En qué consistió la Reforma Anglicana? La Reforma Anglicana fue la última en llevarse a cabo y se efectuó bajo el reinado de Isabel I ( 1558- 1603). Cuando ésta subió al trono en 1558 a la edad de veinticinco años, se encontraba Inglaterra depauperada, débil y acosada por innumerables enemigos fuera y dentro del país. Fue Isabel I quien con mano dura y extremada salvó al país y a la Iglesia Anglicana. Quienes más acometieron a la Iglesia fueron los Puritanos. Según la definición del Diccionario de Oxford, Puritano, era "un miembro del partido protestante inglés que consideraba la reforma de la Iglesia efectuada bajo el reinado de Isabel como incompleta y pedía una purificación ulterior de lo que ellos consideraban formas y ceremonias antiescriturales retenidas de la Iglesia no reformada". Eran éstos jóvenes que habían caído bajo la influencia de Calvino (1509-1564) en Ginebra. Si los Puritanos se hubieran salido con la suya habrían destruido la Iglesia Anglicana, pues lo que pedían iba en contra de la esencia católica Anglicana y del catolicismo en general. Querían abolir la Sucesión Apostólica, y con ella el obispado y el sacerdocio. Querían reducir la liturgia a la mínima expresión, desechando vestimentas, imágenes, crucifijos, velas, flores; aseguraban, por ejemplo, que la señal de la cruz en el bautismo era una ceremonia supersticiosa. Citemos como ejemplo de su radicalismo la petición hecha en el documento enviado al Parlamento en 1580: "Que las iglesias catedrales sean totalmente destruidas ... verdaderas cuevas de ladrones …" Los Puritanos de hecho causaron gran destrozo físico al patrimonio artístico religioso de Inglaterra. Para el año 1593 ya se había hecho evidente que la Iglesia de Inglaterra no seguiría ni los extremismos de Roma ni los de Ginebra. Fue este el famoso origen de la vía media que no, ha de entenderse en un sentido negativo de compromiso entre dos extremos. Al contrario el Anglicanismo se precia de entender el evangelio de una manera positiva libre de las distorsiones y exageraciones protestantes y del dogmatismo romano. Stephen Neill resume la postura anglicana de esta manera: "Muéstresenos algo claramente establecido en la Sagrada Escritura que no enseñemos, y lo enseñaremos; muéstresenos algo de nuestra enseñanza y práctica evidentemente contraria a la Sagrada Escritura, y lo abandonaremos." Stephen Neili, al final del capítulo quinto de su libro Anglicanismo, hace un breve resumen de] contenido de la Reforma Anglicana. La Iglesia Anglicana mantuvo la fe católica contenida en la Biblia, los Credos y en los cuatro primeros Concilios generales. Restauró la doctrina de la supremacía de la Sagrada Escritura en todas las cuestiones de doctrina y conducta, e instó a los fieles a leer la Biblia en lenguas vernáculas. Restauró la práctica católica de ofrecer el culto en una lengua comprensible por el pueblo. (Recuérdese que el papa Alejandro VII (1667) prohibió bajo pena de excomunión la traducción del misal. La misa se celebró en latín hasta los años sesenta del siglo veinte). Restauró el orden católico de ofrecer a los laicos la comunión bajo las dos especies de pan y vino. Instó a los fieles a comulgar con frecuencia. Se había retenido el triple orden del ministerio: obispos, presbíteros y diáconos. También se conservó la sucesión de los obispos desde los tiempos apostólicos. Se retuvo el orden litúrgico del año cristiano aunque simplificado. Se rechazó la supremacía del papa tal como se había desarrollado desde los días de Gregorio VII. Se rechazaron las ideas medievales posteriores sobre el purgatorio, las indulgencias y los méritos de los santos. Esta fue una reforma tan moderada que en ella se adelantó a la misma Iglesia Católica Romana en cuatrocientos años. Efectivamente, habría que esperar al Concilio Vaticano II (1962-65) para que Roma admitiera muchos de los cambios establecidos por la Iglesia Anglicana en el siglo XVI.
7. Ambiente actual Las diferencias entre las denominaciones cristianas son hoy menos acentuadas que lo eran en el siglo dieciséis cuando los ánimos estaban acalorados y las mentes obcecadas. Diríamos que existen hoy un espíritu reconciliador y un deseo de terminar con las divisiones, mas esta meta ideal se encuentra muy lejos. Mientras los teólogos y escrituristas siguen trabajando en un ambiente de investigación, al resto de los cristianos sólo nos incumbe una tarea, la de ser flexibles como lo fue Jesucristo. Tengamos una mentalidad abierta, Consideremos que solamente Dios puede salvar o condenar. Consideremos que nadie posee toda la verdad. Hay muchos caminos para llegar a Dios. Busquemos, con la ayuda divina, aquel que a nosotros más nos atraiga. |
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