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Colombia: un lugar de gran necesidad y abundancia


Publicado en GOOD NEWS periodico oficial de la Diocesis de Connecticut
Por: Leslie Jones
Traducción: Diácono Emiliano Alberto Amat

De click aqui para descargar el archivo original en formato PDF

 

Caminar a la cima de Monserrate en Bogotá, Colombia, América del Sur, lo deja a uno atónito.

Ahí en la cima usted se puede sentar en los escalones de una iglesia de siglo XVII a más de 3 kilómetros sobre el nivel del mar; donde el aire ya contiene menos oxigeno pero es fresco. El sonido de cánticos Gregorianos emanan tranquilamente del santuario y las notas flotan suavemente hacia las nubes que pasan cerca por encima del lugar.

La montaña de Monserrate no es solamente un monumento natural y una atracción turística. También se le conoce por su carácter religioso, y su santuario ha sido visitado por millones de peregrinos desde su fundación en 1640. En contraste a la ciudad abajo, este cerro está lleno de un sentido de paz; un lugar donde fácilmente se puede meditar y orar.

Desde el cerro de Monserrate hay una vista panorámica de Bogotá, la capital de Colombia de casi 8 millones de habitantes. Bogotá se esparce desde un moderno centro hacia 20 barrios al norte, al oriente y al sur.

Colombia ya entra en el quadrigésimo-cuarto año de una guerra civil entre narcotraficantes, guerrillas Marxistas y grupos paramilitares de la extrema derecha. – una guerra empeorada por la demanda internacional de la cocaína.

 

Como resultado, Colombia ve más de 18,000 asesinatos por año y, de acuerdo a UNICEF, más de 7,000 menores han sido reclutados a la fuerza por grupos financiados por el tráfico de la droga.

La violencia en muchas áreas urbanas, incluyendo Bogotá, ha disminuido notablemente en la última década. Pero la evidencia de un país en torbellino se ve en todas partes. La presencia de personal militar y de la policía es evidente por todas las calles de la ciudad. Guardias privados aumenta la seguridad y ayuda a proteger bancos, centros comerciales, complejos de apartamentos y aún hasta en las esquinas de vecindarios suburbanos.

Cientos de Colombianos llegan cada semana a Bogotá y a otras ciudades a lo largo de la Costa Caribe, desplazados hacia el norte por la guerra con las guerrillas narco-traficantes. De acuerdo con una nota de noticias de la agencia Reuter, “Abandonadas en un estado vulnerable debido a un gobierno muy débil para protegerlas, familias desplazadas son confrontadas por pobreza y cada vez por mas explotación que según las Naciones Unidas hace mas difícil la peor crisis humanitaria en el mundo, aparte de África”.

A pesar del caos en Colombia, los santos abundan.

HOGAR DEL DIVINO SALVADOR

La Misión Divino Salvador está ubicada en San Rafael, un barrio muy pobre en la parte sur-oriental de Bogotá.

La delegación de Connecticut a Colombia visitó dicha misión un sábado por la mañana en el mes de mayo. Contrario a Monserrate, no es pacifico; a lo igual que Monserrate, lo deja a uno sorprendido.

El Rvdo. José Romero Ramírez es el fundador y supervisor de El Hogar Divino Salvador, el cual se haya ubicado en un edificio de cuatro niveles, que también es su hogar. Padre José vive en el piso más alto. Él no recibe salario; él vive de la generosidad de sus benefactores.

En el piso que le sigue abajo (al nivel de la calle), hay una oleada de actividades este sábado. Cuando uno entra a la misión, a la derecha, hay ropa usada disponible; a la izquierda se reparte medicamentos que no requieren prescripción médica. Un poco mas adentro del pasillo está un baño donde se le ofrece cortes de cabello para los niños y niñas y aún más adentro, en otra habitación, está una clínica dental. A la izquierda de la clínica, hay otra habitación que sirve como dormitorio para ancianas.

Todos los pobres del área que vienen se les ofrecen mercancía y servicios, especialmente a los niños y a los ancianos. El Padre José siempre encuentra profesionales que donan su tiempo, a voluntarios que suministran cuidado personal, y benefactores que proveen la plata necesaria.

Cuando uno sigue por el pasillo angosto repleto de gente esperando su turno uno encuentra las escaleras para bajar al tercer nivel. Allí una habitación está dedicada a unos 20 ancianos, hombres y mujeres, que son parte de un programa llamado “Alegría en el Ocaso”. Ellos no tienen familia. Ellos no tienen donde vivir. Aquí es donde ellos morirán. Aquí es donde estos ancianos van a recibir nutrición para sus cuerpos y sus almas.

Hay otra habitación en este tercer nivel para los niños que participan en el programa “Educando Para la Paz”. Unos 40 niños se aprietan dentro de esta pequeña habitación de lunes a viernes para recibir asesoría escolar y para recibir un plato de comida nutritiva. Los sábados por la mañana tienen clases de inglés, los ayudan con la matemática y la escritura y hasta tienen discusiones sobre las diferentes culturas y también hablan de asuntos contemporáneos.

El Padre José le pide $200 pesos a cada familia (unos 10 centavos US) pero casi ninguno ni siquiera puede pagar eso. Aún así, los niños y niñas atienden los programas y reciben los beneficios de todas maneras.

El santuario se encuentra en el cuarto nivel, el último piso de la Misión Divino Salvador. Caminando por el santuario uno puede sentir un bienestar de alegría. La Misión Divino Salvador podrá tener fuentes financieras muy limitadas pero no hay límites para los recursos humanos que se hacen evidentes a la hora de decorar un espacio sagrado. Las paredes están pintadas con un azul brillante. Globos blancos y azules decoran una estatua de la Virgen María. Estrellas de un color metálico están pegadas en el cielo raso del techo y enormes cantidades de flores frescas adornan el altar. También hay un radio portátil oculto detrás del altar, listo para proveer música para el servicio del domingo.

Unos 125 feligreses se aglomeran en éste pequeño pero hermoso espacio para orar en el Día de la Madre. El Padre José celebra el servicio cada domingo y su obispo Diocesano, el Obispo Duque, los visita a menudo. Cuando hay Confirmación el Padre José compra ropa nueva para todos los confirmantes, de pies a cabeza.

Cuando la delegación de Connecticut visitó la Misión Divino Salvador, pudieron ver un lugar lleno con santos. En una pequeña habitación se encontraba una profesional dental donando su tiempo y sus dones, ahí también se encontraba un niño, sentado en la silla y le extraían su dientecito sin el beneficio de anestesia y sin la compañía de un papá, sino solo con un pastor dándole apoyo. En otra habitación, se encuentra un lugar limpio y seguro donde algunos ancianos viven en comunidad y donde una anciana agarraba la mano de su moribundo esposo de 58 años.

UN LUGAR DE GRAN NECESIDAD Y DE GRAN ABUNDANCIA

En la Diócesis de Colombia hay 19 clérigos sirviendo a 5.000 miembros bautizados en 27 parroquias y misiones. Solamente hay nueve clérigos salariados. La mayoría del clero es como Padre José, el Reverendo Edgar Giraldo y el Reverendo Tomás Mier. Durante la semana Edgar Giraldo es ingeniero electrónico en el área de telecomunicaciones. Sin ninguna compensación, él es el diácono a cargo de la Misión del Espíritu Santo y además es el director de comunicación y webmaster para la diócesis de Colombia. Tomás Mier es graduado en Leyes y es un profesional trabajando para la Oficina del Presidente de la República. Sin compensación financiera él es diácono a cargo de la Misión Santiago Apóstol.

Muchas de las misiones visitadas por la delegación de Connecticut son severamente pobres y con grandes necesidades especialmente cuando se comparan con las parroquias de Connecticut. Pero nuestros compañeros Colombianos – tanto clérigos como laicos – parten desde un punto de vista de gran abundancia. En vez de estancarse en lo que no tienen, ellos se enfocan en sus dones y en lo que se puede conseguir con estos dones. Su fe inquebrantable en la abundancia de Dios es inspiradora.

A lo igual que en muchos lugares a través del mundo las necesidades son grandes en Colombia. Ellos no tienen muchas cosas que nosotros tomamos por desapercibido, incluso el Libro de Oración Común, solo la Catedral los tiene. Ellos tienen una gran necesidad de ropa y de materiales educativos en español.

Y aún así, cuando se le preguntó al obispo diocesano, el Rvdmo. Francisco Duque, como puede ayudar el pueblo de Connecticut, él respondió: “Primero oren. Oren por la paz en Colombia.”

Leslie Jones es la asistente al director de medios de comunicación para la Diócesis de Connecticut. Ella es miembro del Comité Compañeros en Misión y tomó parte en la delegación de Connecticut a Colombia.

Traducción al español facilitada por el Diácono Emiliano Alberto Amat.

CONNECTICUT Y COLOMBIA

Compañeros en Misión

La relación de compañerismo entre las diócesis de Connecticut y Colombia surgió de una amistad entre dos hombres.

Varios años atrás Francisco Duque, obispo diocesano de Colombia, y Wilfredo Ramos, entonces obispo sufragáneo en Connecticut, compartían cuan sola y distanciada se sentía la Diócesis de Colombia del resto de la Iglesia Episcopal. Su deseo por compañía era grande y pese a esto, tenían muy pocos visitantes, probablemente debido a las percepciones sobre la guerra civil. La gente quedaba preocupada cuando se les hablaba de visitar y enviar misiones, a pesar que la seguridad en Colombia es tan cierta como en cualquier ciudad mayor en los Estados Unidos.

Esta relación como compañeros fue establecida formalmente por resolución en la Convención Anual del 2004. Es parte del Programa Diocesano de Compañerismo de la Iglesia Episcopal, la cual fue formada por primera vez en 1968 como una manera de reforzar lazos entre diócesis a través del mundo.

Los propósitos de la relación de compañerismo son:

* Hacer mas fuerte la comunión Anglicana a través de la experiencia directa de la interdependencia que existe entre fronteras culturales y geográficas dentro del Cuerpo de Cristo; y
* Solidificarse mas uno con el otro para hacer misión mientras se crea una relación con cada colaborador y al mismo tiempo tanto da uno como que recibe el otro.

El Obispo Duque nos visita de vez en cuando, la visita mas reciente fue para participar en la consagración de la Obispa Ahrens. Nosotros siempre incluimos las parroquias y misiones Colombianas en el Círculo de Oración y ellos nos incluyen a nosotros en sus oraciones. Obispos, clérigo y laicado (de Connecticut) han visitado Colombia en un esfuerzo para establecer relaciones de “Catedral-a-Catedral” y también de “parroquia-a-parroquia”, para determinar la posibilidad de intercambios de clérigo, y encontrar una manera de involucrarnos en cuanto a las Metas del Desarrollo Milenario en Colombia.

La visita a Colombia este pasado mayo fue encabezada por el Muy Reverendo Mark Pendleton, deán de la Catedral Iglesia de Cristo en Hartford. La delegación incluía a Leslie Jones de la Oficina Diocesana de Comunicaciones; el hijo de Mark, Will Pendleton, estudiante; el Reverendo Emiliano Alberto Amat, diácono en la Iglesia de la Trinidad en Hartford; su esposa , Consuelo Amat, quien es Colombiana, nacida y criada en Bogotá. Mientras estuvimos en Bogotá, la delegación fue bendecida con la hospitalidad del Obispo Duque y su familia, el personal y el clérigo diocesano y de la Catedral.

He aquí una instantánea de nuestras diócesis:

COLOMBIA

Área: 1.141.748 Km. cuadrados

Población: 45+ millones

Pobreza: 7% vive con menos de $1US diarios

Episcopales: 5.000

Iglesias: 9 parroquias y 18 misiones

Clero: 19 (9 reciben salario) sacerdotes y diáconos.

CONNECTICUT

Área: 14.312 Km. cuadrados

Población: 3,4 millones

 

Episcopales: 68.500

Iglesias: 174 parroquias

Clero: Aproximadamente 300 (Los Diáconos son auto-sostenidos).

Si usted desea conocer mas sobre Colombia y ¿Que Puede Uno Hacer? (una diócesis, una parroquia, una persona) en nuestra diócesis compañera, póngase en contacto con Leslie Jones por ljones@ctdiocese.org ó al 860-233-4481.

Cualquier pregunta sobre la traducción o sobre el Comité Compañeros en Misión, puede comunicarse con el Diácono Emiliano Alberto Amat por e-amat@sbcglobal.net o al 860-582-2411.

 
 

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