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VISITA A COLOMBIA DEL PREMIO NOBEL
DE PAZ 2006 "EL BANQUERO DE LOS POBRES" EL PROFESOR MUHAMMAD
YUNUS
La primera semana de Octubre fue noticia en todos los diarios
colombianos la visita de Muhammad Yunus a nuestro país. Se
trata del fundador y presidente del Grameen Bank (Banco de los Pobres),
nominado en cinco oportunidades al premio Nóbel de Economía
y quien ha puesto en entredicho los paradigmas más ortodoxos
de la actividad crediticia tradicional en el mundo.
Su idea del Banco de los Pobres se inció en 1976, otorgando
créditos con 27 dólares y actualmente reparte más
de 1.5 millones de dólares diarios en microcréditos,otorgados
con base en la confianza |
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en sus deudores, los están compuestos en su mayoría por
mujeres cabeza de familia. La tasa de recuperación de los créditos
del Grameen Bank es superior al 98%. Su filosofía radica en la
certeza que el crecimiento económico que no incluya un crecimiento
social, no es sostenible.
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A una de las sesiones sostenidas por el profesor Yunnus
durante su visita a Colombia, que se realizó en la oficina
del Cardenal Pedro Rubiano, fueron invitadas otras iglesias entre
ellas la Iglesia Episcopal, quien fue representada por nuestro Obispo,
Francisco Duque. De este encuentro, destaca el Obispo:
“el Banco de los Pobres tiene 6.5 millones de prestamistas;
32 millones de miembros; el 96% de los dueños son mujeres y
tiene más de 800.300 millones de dólares en préstamos.
El 58% de los que han solicitado préstamos han salido de la
pobreza. Los préstamos se realizan con intereses |
muy bajos y el 100% de los solicitantes van a colegios y universidades.Cifras
como estas no encajan en el sistema crediticio tradicional y por eso se
convierten en revolucionarias y polémicas para el capitalismo neoliberal.
Si en Bangladesh, este sistema ha funcionado, ¿por qué
no puede funcionar también en nuestro país? Experiencias
como esta nos ayudan a entender que es posible enfrentar por algún
medio el desafío de la pobreza y que en esta tarea están
comprometidos todos los estamentos de la sociedad. Por eso valdría
la pena que empecemos a pensar como Iglesia de qué manera podemos
nosotros comenzar a dar los primeros pasos hacia la búsqueda de
solución de la pobreza para tantas personas de nuestras comunidades
que sólo necesitan una oportunidad como ésta. O, también,
cómo fortalecer las experiencias que ya tenemos. En Quibdó,
por ejemplo, nuestra Diócesis apoya a grupos de economía
solidaria compuestos en su mayoría por mujeres desplazadas que
son cabeza de hogar.

Ojalá que estas experiencias nos motiven y nos impulsen de verdad
a trabajar con mucho más entusiasmo y, sobre todo, con mucha más
conciencia de que también por aquí el Evangelio nos llama
a apostarle a la construcción del reino de justicia entre nosotros.


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